miércoles, 16 de diciembre de 2009

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Un cuento de navidad




ÉL

Ese pez de porquería se ha puesto vertical e inexorable.
Faltan seis horas para nochebuena y el regalo que pensó está por destruirle la cena.

Ella vendrá en un rato con su niño de cinco años.

Y él siempre se ha creído un heredero de Vincent Price: capaz de hacer la magia.
Aunque se hayan conocido a mediados de este año, no ha temido en insistir con una celebración de apenas tres.
Pero el regalo del niño se va apagando en el agua...
A pesar de las gotas curativas de azul de metileno.

Vuelve a cubrir la pecera redonda con el celofán rojo y el moño de primor.
Y algo más: su plato de maravilla no termina de suceder.
¿Alguien ha visto alguna vez jamás una comida azul?.
Una comida salada realmente azul.
Pues bien: esta noche él se ha empeñado en bajarles el cielo nocturno a la mesa.
La base es infalible: fideos negros.
Sobre ellos ha soñado esparcir una salsa azul,
mordida por pequeños trocitos de salmón con sus escamas plateadas en contrapunto.

Pero se ha excedido de confianza: una base neutra, la tinta renegrida de calamares, y el curacao azul logrando el tono exacto.
Y acertó.
Pero la felicidad del color se le muere de tan dulce.
Mira el reloj y se reprocha no haberlo ensayado antes.
¿Antes cuándo, si vivo corriendo y la puta que lo parió?.

Suena el timbre.
La ha empezado a querer tanto en todos estos meses.
Se resiste a que esta cena se reduzca a la ternura del fracaso.
Entonces Vincent Price lo ilumina:
en la repisa, aún resta medio frasco de azul de metileno.



Guillermo
Dedicado a Vincent Price y sus cuentos en blanco y negro.

viernes, 11 de diciembre de 2009



MORIS y HERZOG 
(DE POR QUÉ EL CONOCIMIENTO ES SIEMPRE PARANOICO)


"Vuelvo al bosque, estoy contento de verdad"
(Moris)


"El conocimiento es siempre paranoico". Vieja tesis de Lacan que lo llevó a dialogar con Dalí y que en "Agresividad en psicoanálisis" ejemplificó con el nfenómeno de la cinta cinematográfica trabándose en medio de la proyección.

Como sea,
lejos de patologizar el conocimiento,
su planteo instala una cuestión que una y otra vez conviene recordar:
conocemos con la convicción de que lo que nos rodea nos está dirigido,
hecho para que lo abordemos con nuestras entendederas
(y por lo tanto a la medida de ellas).

El conocimiento confía en que lo otro algo nos quiere decir.
Y que más tarde o más temprano eso será objetivable,
reductible a nuestra imagen y semejanza.
... (basta con mirarnos un rato en nuestra vida cotidiana
para encontrarnos con los enredos y el padecer que brotan de esa ilusión).

Así la enjundia del conocimiento se extiende a todo lo que nos rodea.
Tantos cuentos de infancia dan cuenta de eso:
los animales que nos hablan, los árboles que nos bailan.
Toda esa pastoral de Walt Disney que tanto me fascinó de niño y después.

Ayer me topé con este comentario del crítico Roger Koza acerca de "Grizzly man" de Herzog:

"Lo que me persigue es que en todas las caras de todos los osos que filmó Treadwell no veo ningún rastro de parentesco, ni entendimiento, ni piedad.
Sólo veo la abrumadora indiferencia de la Naturaleza".

Los invito a hallar en su texto completo (tan jugoso como rápido de leer) las resonancias con la tesis lacaniana...

Clic en el oso



Guillermo Cabado

NOTA: recomiendo con mucho placer la muestra de cine independiente que desde hace 6 años Roger Koza organiza a principios de enero en la bella La Cumbre, Córdoba. Para más información sobre la edición de este verano, pueden ingresar a su blog: http://ojosabiertos.wordpress.com/


(*) Para los lectores no argentinos: Moris es un cantautor que compusiera una canción emblemática, "El oso" (versionada entre otros por Fito Páez, años después).
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domingo, 1 de noviembre de 2009



"MARADONA" NO ES MARADONA

("Sigan chupando")





Corría 1913 cuando Freud terminó de escribir "Totem y tabú".

A condición de que leamos en él el dibujo de una lógica y no un tratado antropológico, hay allí el guión del famoso culebrón desarrollado tras el partido entre Uruguay y Argentina por las eliminatorias para el mundial de fútbol de 2010 (1).

La lógica de un modo de relación entre personas.

No tengo modo de saber qué pasa por la cabeza de esa persona que es Diego Maradona. Jamás me ha dirigido la palabra para decirme "a mí me pasa que...". Ninguna psicología sobre él entonces.

El que sí me dirige la palabra es este relato multimedia (televisión, radio, diarios en sus diversos soportes) a través del cual me llegan las palabras de Diego y de tantos otros.

Quiero decir: poco importa saber cómo son los hechos más allá del relato; si éste es acaso fiel a ellos o los falsea. ¿Para qué?, si con lo que hemos estado dialogando uno y otro y otro más, durante estos días, es con ese tejido, ese entramado que aquí llamo "el relato".

Es entonces que se me impone esta pregunta: ¿de qué me habla?.

Pregunta no unívoca por cierto. A saber: ¿qué lo lleva a ese relato a buscarme? y/o, también, ¿qué de ese relato hace que yo me vuelva su oyente?.



¿Qué hay en ese relato que lo lleva a buscarme?

En él se me ha dicho que Maradona llegaba a la selección para "unificar el vestuario", lleno de megaestrellas casi teenagers que ya no le respondían a su técnico, Basile. Que la diferencia generacional entre ellos y "el Mister". Que la abrupta fama de la que ellos gozaban. Que sólo la figura de Maradona era capaz de producir ese efecto que hace que las miradas dispersas y singulares se unifiquen alrededor de un eje en común. Que la eficacia simbólica de la figura de Maradona ya había sido probado en el vestuario de los últimos Juegos olímpicos. Que en Pekín, Riquelme y Messi empezaron a hablarse, a sumar y no dividir.

Una vez más: me estoy centrando en el relato que nos habla. No me intereso por ir a verificar si es así o no es así en el "más allá" constituidos por los hechos "de la realidad". Para no extraviarse en esta pregunta planteada es necesario recordar que no hay ningún más allá de ese tipo, sino un acá: es este relato el que nos pone a opinar, a llamar a las radios, a elucubrar teorías sobre como somos "los" argentinos, a subir comentarios a Facebook, a escribir un artículo para una revista...

La figura de Maradona es en este relato una construcción hecha no sin la prodigiosa zurda del 10, el uso que cada quien hace de sus gestas deportivas, sus clásicas intervenciones en el relato mediático ("se te escapó la tortuga", "me cortaron las piernas", "la pelota no se mancha", "soy blanco o negro, nunca gris"), las opiniones sobre esas intervenciones, etcétera, etcétera.

Una construcción que no coincide con su portador, la persona que se llama Diego Armando Maradona. Y no coincide porque ese entramado, si no es sin tantas cosas que él produce, tampoco se reduce a ellas.

La figura de Maradona en ese relato es una construcción de imágenes y dichos, textos, que exceden a lo que hace-hizo-dice-dijo-Maradona (a veces cuando Diego habla en tercera persona hasta pareciera estar ilustrando esta diferencia entre él y esa construcción en nombre de la cual se dice o se escucha).

Ese relato resulta una red de textos que sostiene un axioma. Un axioma no es más que otro texto, pero con un lugar diferencial.

Un texto diferencial que en el relato no debe ser puesto en discusión.

Un texto, un trozo del mundo simbólico, o como quieran llamarlo a sabiendas de que la extensión de este artículo me inhibe de abundar en más precisiones, que tiene la particularidad de que puede ser interpretado de tantas formas que en sí mismo no termina de significar algo específico.

Y he aquí la voltereta, el pase de manos, el número de eficacia simbólica: lo que hace un momento decíamos que era texto sostenido por esa red, ahora decimos que se invierte en el sostenedor de toda esa red, en la condición necesaria para que ella, para que todo ese tejido de dichos e imágenes pueda tener coherencia, consistencia. Para que esa red parezca guardar una unidad de sentido y no resulta un frágil montaje cuan pompa de jabón pronta a estallar.

La figura "Maradona", ese cacho de símbolo, ese texto que no es uno más de esta red, tiene en esto su eficacia: en que es un texto que significa... nada. Un símbolo que nunca termina de entregar qué demonios está queriendo decir, y por eso mismo es que nos hace hablar tanto (insisto: hablo de la "figura/símbolo", no de la persona). Un símbolo que porta, al decir de Borges, la inminencia de una revelación que no se produce.

Un símbolo que no es uno más en la red: es el que se hace cargo de que toda la maraña de cosas que decimos tenga alguna unidad y no se vuelve un marea dispersa de sonidos inconexos. Un texto que "se sacrifica" para que haya "los demás", para que haya "un conjunto", un orden con algún significado.

Un texto apaciguador, una suerte de cuerpo que, cual vértice de pirámide, sirve para juntar todos "los demás cuerpos". Un cuerpo que nos pone en comun-unión. Comunión.

Ese texto guarda en la red un lugar lógico. Es ese lugar en el que Freud ubicara en aquel escrito de 1913 al tótem: una figura con función simbólica. Una figura erecta sobre un lugar vacío alrededor de la cual toda la tribu se a-úna. Y en esa elaboración Freud precisó, ajustó su pregunta: ¿cuál es la razón, cuál la necesidad de erigir, parar, erectar, esa figura fálica donde hay un lugar vacío?.

Por supuesto, necesitó pensar sobre ese vacío. Y en esa reflexión se encarriló para donde suele encaminarse el sentido común: si ése es un lugar vacío es que antes algo hubo. Luego: ese tótem evoca allí una ausencia. Freud pergeñó en ese punto de su razonamiento una explicación antropológica en el registro de lo que llamara "la horda primitiva", para tratar de articular una lógica que él escuchaba resonar en tantos relatos del consultorio.

Su explicación antropológica fue ampliamente cuestionada en lo que a su pertinencia antropológica respecta. Pero con el tiempo otros pensadores supieron despegar la argumentación usada por Freud, de la estructura que aisló e intentaba justificar. Así su argumento tomó la condición de mito. Y los mitos tienen su valor de verdad no por su "verdad histórica" sino porque logran articular una lógica que está presente en el pensamiento de las personas. En este caso, en el modo que tienen seres hablantes de hacer lazo con otros, de entrar en común unión.

El mito freudiano: aquel lugar vacío sería el que habría dejado vacante cierto Macho-Cabrío- Amo-y-Señor de todos los bienes gozables que había sobre la faz de la tierra. Una suerte de Primer Padre Feroz y Arbitrario que mantenía bajo su capricho a todos los demás. Esos "todos los demás" un día decidieron aliarse, juntar fuerzas, volverse conjunto para eliminar a Ése. La alianza fraterna terminó matando a ese Proto-Padre....

Tras su muerte a manos de esa unidad de lo diverso ("no nos une el amor sino el espanto"): queda el lugar vacío, vacante. Y una tensión particular, entre la culpa por el asesinato y la posibilidad de que en cualquier momento alguien caiga en la tentación de ocupar ese lugar. Entonces: la alianza se sella con un acuerdo, con una regla de juego, con una construcción llamada LEY a la que someterse.

Ese tótem, esa figura erecta, esa construcción que excede a la mera imagen de madera, se vuelve un símbolo que se ama, que se adora, que se idolatra. Por supuesto, en el amor las resonancias a ese asesinato no se acallan. Tampoco esa curiosa relación amor/odio. Se comulga pensando en esa ausencia allí representada como un modo de "mantener en caja" esa tensión.

En definitiva: ese tótem, esa figura/símbolo, se vuelve un pre-texto a toda la trama de textos, a todas las historias que tejeremos sobre el "nosotros". Un axioma que sostiene todo nuestro edificio, nuestro cuerpo social. Un cuerpo social que se alimenta de él, y alimentándose de él se recuerda la ley, la regla de juego que se ha dado para mantenerse juntos.

Esa ley, sostenida en esa figura/símbolo, necesita ser ejercida por alguien.

Alguien viene a ocupar ese lugar simbólico para constituirse en su agente, representante. Ese agente es la variable, la ley sostenida en la figura la función.

Alguien viene a ocupar esa función a condición de no confundirse con el lugar en sí mismo, con ese ideal simbolizado. Y más tarde o más temprano sucede que nos topamos con que el agente "no está a la altura". Sucede que se evidencia la diferencia entre ese ideal y su ejercicio. Y más se evidencia cuanto más se quiere negar esa diferencia.

Esa diferencia entre el tótem erecto y su agente, fue el motor de ese culebrón post partido (1) en el estadio Centenario. En este relato, Diego Armando Maradona es la persona parada en el lugar vacío que el símbolo Maradona delimita. Maradona es el agente de Maradona. Y esa diferencia nos recuerda que ese símbolo lo excede, no está construido por él aunque no sin él. Es que allí se trata de una construcción en el entre dos (dos que son él y los otros). La red construida está en ese entre.



¿Qué de ese relato hace que yo me vuelva un oyente?

Un culebrón es un relato dirigido a. Un relato que busca su oyente. Pero, nunca termina de ser relato hasta que alguien no dice "éste palo es pa' mi gallinero" o "carta para mí, ¿dónde firmo el aviso de recepción?".

Y en este punto lo que conviene preguntarse es: ¿por qué yo estoy hablando de esto?, ¿qué de mí me lleva a responder a esta red que llamo relato?.

¿Qué de mí me ha puesto a escribir este artículo?.

¿Por qué al mismo periodista que dos días antes del episodio comentado dijo en radio Mitre que "Serrat es un sorete", cuarenta y ocho horas después se lo podía escuchar rasgándose las vestiduras por el "sigan chupando" de ese hombre que se llama como el tótem, "Maradona"?.

¿Qué de lo que en cada quien se agita lo puso al famoso conductor radial y televisivo a armar el entre dos con esa red, con ese relato, con ese juego?.

Así las cosas aquí no cuenta por qué dijo lo que dijo la persona Maradona (acaso si las reglas funcionan puede que le toquen las generales de la ley, en tanto que ejerce una función). Aquí se trata de lo siguiente: "¿qué estoy haciendo yo llamando a la radio, opinando en la tele, discutiendo en el taxi esta historia?", "¿qué hago yo con esa red a la que le ofrezco mi oreja?". En definitiva: ¿qué significación tiene para mí?, ¿qué toca "Maradona" de lo que en mí se agita?.

Preguntas en las que estamos solos con nuestro cuerpo. Ninguna comunión, ninguna ingesta del cordero sacrificado, ningún fuego encendido para sazonar el culebrón o para quemar a la bruja de turno. Ningún tótem erecto al que rendirle nuestros honores. Solos para responder por eso que en cada quien se agita.


Guillermo Cabado


PD: recomiendo ver la vieja película "Doce hombres en pugna" con Henry Fonda, para ver algunos usos posibles del símbolo a la hora de los acuerdos.


(1) "el culebrón post partido":

"culebrón" alude a un género fogoso y delicioso de ficción. Y entiéndase ficción no en el sentido de "lo no verdadero", sino como un modo de construir una verdad dirigiéndosela a un oyente.

"post partido" alude a los episodios suscitados después del partido de referencia, a partir de las declaraciones de Maradona dirigidas a periodistas, en las que se destacó la frase que forma parte del título de este comentario: "sigan chupando", con sus obvias connotaciones sexuales.

sábado, 31 de octubre de 2009

UN ARTÍCULO DE LA LICENCIADA GLORIA ALRÁ


A mí , “lo de Maradona” no me indigna.

No soy quién para ubicar desde qué lugar “digno” habría que decir las cosas, sobre todo si ese lugar se propone como Universal y Bueno Para Todos.

Tal vez Maradona, desde su lugar, se defendió “dignamente” de lo que consideraba un insulto. Por eso debe haber insultado.

A Maradona ni lo quiero ni lo odio. No me es cercano y hace tiempo que esos sentimientos se los dedico a quienes, por afinidad ideológica o por distancia de ella, son referentes. Al final, cada cual elige sus enemigos. Y con ello, la propia posición, por consecuencia.

Como es una persona pública,( lo sabe ,no lo ignora), conozco su posición, por ejemplo, con respecto a la paternidad de hijos que fue dejando por el mundo, y allí sí me provoca rechazo. Un motivo tan ajeno a su virtud como futbolista. Qué sé yo…esas son las cosas sobre las que presto atención. Seguramente sólo me interesan a mí…

Y desde entonces, para mí, ya no es alguien de quien me interese saber nada, o de quien necesite ocuparme siquiera, como decía Bachelard, para pensar contra un pensamiento y así poder definir más el propio.

Por eso, y a título humildemente personal, “ lo de Maradona” me da tristeza porque, una vez más, las palabras de nuestro bellísimo idioma fueron usadas para insultar con una cámara mediante, para ser escuchado desde el lugar que ocupa, de ningún modo inocente de ello y tal vez aprovechándose de ello, por muchísima, muchísima gente.

No opino nada acerca de las razones que él haya tenido para insultar, pero…una vez más despreciar al oyente, pasarle por encima por tener el privilegio del micrófono de medios masivos?

Y después, la multiplicación infinita en aras de apoyos o desprecios, no redoblan la apuesta de la violación de orejas, sólo porque éstas son el único orificio del cuerpo que no puede cerrarse?

En lo personal, silencié la radio o cambié de canal…pero siempre después de haberlo escuchado!!!! El dedo es más lento que el sonido!!!

Otro aspecto que observé de lo provocado por “lo de Maradona”, más allá de evaluaciones sociológicas, políticas, deportivas y hasta psicológicas, es el bajísimo nivel de argumento para discutir.

Si el hombre se lo propone, lo adverso puede usarse para subir un escalón en el nivel de reflexión .

Y de gente que aprecio y sigo en los medios, entre los que están Dolina, por ejemplo, me asombró que para apoyar a Maradona (en qué? en sus razones para el exabrupto? en términos del “aguante” haga lo que hiciere? en calidad de representante de una clase social?) haya necesitado hacerlo “en contra de”.

Por qué? No hay argumentos que se puedan sostener desde la lógica del discurso de quien lo profirió? Porque en ese caso, lo que hay que atender es a quiénes fueron dirigidas esas palabras y el por qué ,entonces, obligarnos a ser "público" y no precisamente de un hecho artístico…

Maradona no dirigió esas palabras a los EEUU, ni a Europa, ni a los burgueses que se rasgaron las vestiduras indignados. Esos son los enemigos de Dolina. Y, por suerte, se nota.

La causa de Maradona no es el racismo, ni la ética de la paternidad responsable, ni siquiera la salud que puso en riesgo tantas veces. Sus enemigos son otros, y debería pelearlos frente a frente, con derecho a contra argumentación…o a las trompadas, si esos son sus códigos. Total, las consecuencias de los actos de los hombres no los abandonan jamás en la vida, estemos millones en desacuerdo o no.

En fin. Vivo en este mundo y a veces creo que puedo decir algo sobre las cosas que pasan en él. Porque también ME pasan y no estoy mas allá de ellas.

Para sentirme un poco menos sola, comparto con ustedes:

Mi tristeza por la degradación de una lengua

.

Mi dolor por la pobreza del pensamiento humano difundido por los medios masivos de comunicación

Mi enojo por la violación y la prepotencia que ejercen los que después hacen noticia con los que ejercen violación y prepotencia sobre el cuerpo social.

Si bien no son solamente estos, se deducen amigos y enemigos personales. No?

Gracias por haberlo leído



Lic. Gloria Alra

viernes, 14 de agosto de 2009

Presentación de "NO PIERDAS DE VISTA EL CUADRO"


De la serie
"¡En el consultorio no!"
Mandamientos difundidos.
Sin debate concebidos.


Un hombre ingresa enfurecido al consultorio.


Alguien se le ha querido colar (1) en la fila.

Le dice al analista: "decí que soy educado, porque sino...".

El analista piensa: "típico neurótico obsesivo".




¿Qué relación podría haber entre ese diálogo y este cuadro pintado por Holbein en la corte de Enrique VIII, hace cinco siglos atrás?.


Pronto
lo intentaré desplegar en
:

"NO PIERDAS DE VISTA EL CUADRO"

(de mi serie con videos
"¡En el consultorio no!
Mandamientos difundidos; sin debate concebidos"
)


Mientras tanto, sólo para entrar en clima de época,
los invito a ingresar a la corte de las famosas seis esposas y la ruptura con el catolicismo;
la misma en la que Holbein pintara el cuadro en cuestión, "Los embajadores".


video


Hasta el próximo contacto,
para entonces ya con el primer eslabón de esta serie de envíos
al calor de esa pintura de Holbein
y el por qué Lacan se metió con ella en sus seminarios VII y XI.



Guillermo Cabado

^^^^

(Hans Holbein, protagonizado por Peter Gaynor en "Los Tudor")



El trailer aquí incluido pertenece a la serie televisiva "Los Tudor". La frase final, de una de las esposas de turno de Enrique VIII: "si yo no pudiera complacer al Rey... ¿realmente me mataría?". Fuente: Youtube.


(1) En la Argentina, la expresión "colarse en la fila" alude al adelantamiento en el orden de espera para ser atendido, que alguien hace sin pedirle autorización a las personas que están aguardando desde antes que él.

Los dos primeros envíos de "¡En el consultorio no!" en:
http://rumorosa.blogspot.com/2009/02/serie-en-el-consultorio-no.html
y
http://rumorosa.blogspot.com/2009/04/blog-post.html


1ra entrega de "NO PIERDAS DE VISTA EL CUADRO"


Serie con animaciones y videos
"¡EN EL CONSULTORIO NO!"
Mandamientos difundidos.
Sin debate concebidos.



- 3 -

"No pierdas de vista el cuadro"
(primera entrega)


Lo que aquí inicio es fruto de discusiones
con mi propia práctica, en este caso al calor
de los seminarios VII y XI de Lacan.
La apuesta, una vez más:
cuestionarme el hacer,

precisar sus por qué,
disponerme a soltar lo que pide caer.
Y compartir una pasión
que ambiciona intercambio.




"¿Qué clase de paciente tenés frente a vos?", "¿qué cuadro presenta?", "¿cómo podés tratarlo si no lo sabés?".

Cuando un psicoanalista se hace estas preguntas, está afuera.

(todo este recorrido que aquí sólo inicio intentará decir por qué)

Está afuera del campo en donde sucede un psicoanálisis.

Si está afuera, también está afuera el que le habla.
Aunque los dos estén adentro del consultorio conversando.

Todo lo que habrá allí serán temas que acaso pinten de cuerpo entero al paciente, a su familia, a su historia.

Pero no es poniéndose al servicio de eso que habrá un psicoanálisis.

Hace falta que suceda otra cosa mientras se habla de temas.




Y hace falta ponerse al servicio de lo que sucede mientras se habla de temas,
para servirse de ello en la cura.
(1)

Fue por todo esto que Lacan se metió con un cuadro del siglo XVI: "Los embajadores", de Hans Holbein, pintado en la corte de Enrique VIII.

¿Pero qué demonios podrá tener que ver ese cuadro con un tratamiento?

Paso a paso...

Les propongo hacernos acompañar por un tipo que sepa de pintura hasta la National Gallery de Londres (2):
"mire licenciado, doctor, lo que sea... a mí me interesa una pintura en particular; necesito que me ayude a
entenderla".




El guía, ya ha fijado sus honorarios, se dispone a hacernos pata en la aventura que le proponemos:
la del sujeto del conocimiento (3),
la de aquél que apuesta a encontrar el buen punto de vista desde donde poder entender lo que necesita entender.

(lo que se necesita entender es tan diverso e insólito como los nombres de lo que nos apremia:
ya el secreto de una pintura, ya el por qué me hago pis en la cama.
Ya el contexto histórico de tal cuadro, ya el trauma de mi pasado que habría de explicar (?) esta enuresis que me hace penar...)


Para el sujeto en cuestión
cuanto más hablamos y miramos y analizamos
más cerca estamos de la verdad...


(Holbein retratista de la corte de Enrique VIII, la misma de la serie de TV "Los Tudor"/los retratados: dos embajadores franceses que intentarán convencer al rey de que no anule su matrimonio con Catalina de Aragón para evitar la ruptura con la iglesia católica...

video

... Sobre la mesa: símbolos del prestigioso saber que los avala / Se trata de un óleo sobre tela/ observen los elementos pintados/ la perspectiva utilizada, la...)


Para no ponernos largueros, aquí una pausa.
Nuestra visita al cuadro continuará con la próxima entrega de esta suerte de folletín. Para entonces comenzaremos a entramar nuestra aventura de sujetos del conocimiento con lo que sucediera entre un hipotético paciente (4) y su psicoanalista, cuando aquél ingresara enfurecido al consultorio...

Los dejo vagando por Londres. Biquerful!.


Guillermo Cabado


(La animación insertada en este blog es una compaginación mía hecha sobre la fuente de un video hallado en Youtube como "Art Presentation")


(reproducción en una calle de Londres, como parte de la publicidad del Museo)




(1) Para quien haya visitado el seminario VIII de Lacan esta fórmula de servir para servirse les resonará en la clase de apertura del mismo, cuando reúne a Freud con Sócrates.

(2) El cuadro en cuestión se encuentra en el 2do nivel, sala 4 de la National Gallery: clic aquí


(3) Para ir poniendo en perspectiva: se trata del sujeto cognoscente, el sujeto cartesiano que Lacan contrapondrá al sujeto del significante en el seminario XI, cuando retome durante febrero y marzo de 1964 su diálogo con "Los embajadores", iniciado en su seminario VII. Las versiones de dicho seminario XI con las que cuento en castellano son la de Paidós (revisada por Diana Rabinovich) y una traducida por Oscar Masotta. Cuando surgen diferencias acudo, diccionario en mano, a las valiosas estenotipias de la página de la École Lacanienne: http://www.ecole-lacanienne.net/seminaireXI.php, que en general terminan inclinando la balanza hacia la de Masotta.

(4) El relato que les compartiré no será sin la suficiente deformación de una situación de consultorio; deformación necesaria a efectos de hacerla pública.



2da entrega de "NO PIERDAS DE VISTA EL CUADRO"


Serie con animaciones y videos


"¡EN EL CONSULTORIO NO!"
Mandamientos difundidos.
Sin debate concebidos.


- 4 -




"No pierdas de vista el cuadro"
(segunda parte)




Los planteos aquí realizados no son sin el diálogo mantenido
con algunos cuestionamientos que Lacan se hiciera
en sus seminarios
VII y XI.

En ese diálogo una y otra vez me pregunté:

¿qué lo llevó a buscar, y qué buscaba, en ese cuadro?.

Mi apuesta aquí es, otra vez,

seguir pensando al calor de los problemas cotidianos del consultorio (1).





Parados frente a "Los embajadores", en la National Gallery.
Ahí estábamos la última vez.


La mujer vestida de naranja (en la foto junto al cuadro) dice:
"parecen reales;
de no ser por las ropas, bien podrían ser unos de nosotros".


Entonces el guía aporta:
"Holbein tenía esa capacidad pictórica
que facilita
que a los ojos de alguien


un par de hombres pintados en una tela,
(un plano de dos dimensiones
)
se mimeticen con el medio ambiente

al punto de hacernos sentir
que entramos en
el mundo de los hechos,
(la tridimensión del
mundo de las cosas).


(clic en el video)
video
(Holbein pintando a Enrique VIII y Catalina de Aragón, según la serie de TV "Los Tudors")



El guía nos aporta sobre las técnicas de Holbein...


Nuestro ojo a su vez se posa en "Los embajadores":
a más información sobre el objeto en cuestión...


... mejor posicionados para entenderlo.

El órgano y el sujeto del conocimiento retozan felices (2).



Mientras tanto, imperceptible, nos sucede un clásico fenómeno ilusionista.


El mismo que acontece a cada rato en la vida cotidiana,
cuando alguien nos habla
y hablando nos pinta los hechos que le incumben...



Veamos:

¿qué está haciendo nuestro ojo frente al cuadro? (3)




Nuestro órgano hace foco.

Pero también atraviesa (4).

Ha atravesado, sin "darse cuenta", la superficie de la tela.

Acaso con el apetito abierto por la elocuencia de lo que ella muestra.
Pero, por sobre todo, encendido/enceguecido.


Encendido por esa cualidad del conocimiento que hace que yo crea que las cosas me.

Las cosas me stán dirigidas.

Me están hechas a medida.

A la medida de mi capacidad de conocer.


Para el sujeto del conocimiento,
(cuando está "activado"....
tantas otras veces lo que le llega, simplemente le resulta indiferente)

las cosas son a sus entendederas,
lo que la uña a la carne
o el culo al calzón.

Y la representación de las cosas
una suerte de enlace neutro.
Servicial.




Se trata aquí, vía enlace o "link",

de una relación

punto a punto

. <-> .

entre

las cosas
y mi entendimiento
(5)





Así sucede el pase de manos típico de los ilusionistas:

imperceptiblemente,
de la representación volamos al mundo de los hechos representados.


clic en el video (hay un par de fundidos a negro pero continúa)

video


Ilusionismo inadvertido de todos los días:

nos hemos metidos de lleno,
sin aviso previo,
en la tridimensión de los hechos que la pintura evoca.
(¡el problema, ya lo veremos, es cuando esto sucede en el consultorio!)


Pero ese pase mágico...

¿es mérito de la técnica del pintor y sus trucos de mímesis?


¿Acaso no me sucede lo mismo cuando un paciente,
sin técnica alguna y a veces hasta tartamudeando,
me cuenta/me pinta su pelea en la calle
y al escucharlo
yo me transporto al lugar de los hechos?.


En definitiva, ¡ojo!:
¿cuál es el resorte que causa tal mímesis?
(6).


¿El dominio de una técnica para representar fielmente las cosas?...



(detalle del ala de una mariposa búho)



¿O un punto fascinante en lo dado a ver,
que nos encandila
al punto de hacer desaparecer ante nuestros ojos
que allí no se trata sino de representación?.



¿El resorte está en lo que se pinta o en qué se hace al pintar?.



¿Está en lo que se dice o en qué se hace al decir?.





Volveremos a dejar por un rato la National Gallery.

Ha sonado el timbre del consultorio.

Un hombre enfurecido espera que le abramos.




Hasta entonces.
Con lo que será la tercera parte de este recorrido.


Guillermo Cabado



(1) Para más datos sobre tal diálogo, mis notas en "Rastreo de cómo aparece el cuadro en las clases del seminario VII de Lacan": clic aquí. En particular conviene no perder de vista en qué se interesa Lacan antes de empezar a hablar de "Los embajadores": el caso de una mujer con una curiosa relación con el pintar.

(2)
En este punto, dos precisiones:
1) no hay en este planteo ninguna propuesta de cómo se debe o no se debe mirar un cuadro.
2) el sujeto del conocimiento no es opuesto al "sujeto espontáneo" o al "sujeto contemplativo que se deja sentir por el objeto artístico". No se trata aquí del divulgado "inteligencia racional" vs "inteligencia emocional". El sujeto del conocimiento bien puede ser "el sujeto espontáneo que se-deja-fluir-e-inundar-por-el-objeto-artístico-contemplado". En otra ocasión acaso retome estos asuntos al calor de una deliciosa película con trampitas: "Amelie" (clic), esa chica Renoir.


(3) A esa suerte de parque de diversiones que resulta ser la siembra de pistas a través de libros, cuadros y poemas que hace Lacan en sus clases, convendrá agregar aún otra pista: "Entre Bataille y Lacan. Ensayo sobre el ojo, golosina caníbal" (clic) de José Assandri. Allí una serie de referencias de intertexto con el seminario XI de Lacan, no explicitadas en el mismo.

(4) Y cuando atraviesa seguramente ya no estamos en el campo del órgano de la visión, sino en una cuestión de rectas que se trazan imaginariamente en el espacio. Un campo en el que videntes y no videntes están incluidos. Me parece muy interesante desarrollar esta idea apenas esbozada aquí, haciendo un contrapunto entre la referencia a Diderot (clic) realizada por Lacan en las clases del 26/2 y del 4/3 del seminario XI y la película de Jocelyn Moorehouse, "La prueba" (clic). Puede que de ello nazca algún otro capítulo de esta serie.

(5) Aludo aquí al planteo lacaniano de la condición paranoica que siempre guarda el conocimiento (¡sin que en ello deba interpretarse que Lacan patologiza el conocimiento!).
Por lo demás, que las cosas estén hechas a mi medida incluye la idea de que muchas veces necesito previamente profundizar mi entendimiento para llegar a calzar bien con ellas. Como sea: para el sujeto del conocimiento, el buen acople siempre está
en el horizonte.

(6) En las clases del 19/2 y del 4/3 de su seminario XI Lacan se meterá con la cuestión del mimetismo. Allí hay una referencia al trabajo de Roger Caillois, no hay referencias a obras de George Bataille, cuyo trabajo se vinculara con el de aquél, como "Historia del ojo" (clic) o "Lágrimas de Eros" (clic).


Los videos aquí incluidos:

* fragmento del 8vo capítulo de la primera temporada de "Los Tudors" (producción Peace Arch Entertainment)

* el video "3D": autoría de Martin Jones; fuente: Youtube



Las fotos además de las vinculadas a "Los embajadores"):

* fotograma del video citado de "Los Tudors"

* fragmento del famoso fotograma de "Un perro andaluz" de Buñuel (película de guión compartido con el mismo Dalí del
método paranoico crítico con el que dialogara Lacan en los tiempos en que recién se asomaba a Freud);

* ocelo en el ala de una "mariposa búho"

jueves, 13 de agosto de 2009

3ra entrega de "NO PIERDAS DE VISTA EL CUADRO"


Serie con animaciones y videos

"¡EN EL CONSULTORIO NO!"
Mandamientos difundidos,
sin debate concebidos.


- 5 -



"No pierdas de vista el cuadro"
(tercera parte)



¿Por qué se metió Lacan con el cuadro "Los embajadores"?
Sostengo esa pregunta y este juego.

(El cuerpo principal de este post ha sido escrito
con la expectativa de que quien lo lea
no requiera de conocimientos previos sobre psicoanálisis para abordarlos.
Las llamadas a pie de texto,
son pequeñas puertas entreabiertas).




Es momento de trazar un puente
entre la pintura de Holbein en la National Gallery
y algo que sucede en el consultorio:


(Hans Holbein, según la serie "Los Tudors")


Llega un paciente, enfurecido.
Hace un rato no más, un hombre se le ha querido adelantar en una fila de trámites.
Como puede, el paciente le pinta (1) el hecho al analista:
"el tipo me hizo ver como un estúpido".
Remata:

"decí que soy educado, porque sino..."
.
El analista piensa:
"típico neurótico obsesivo".

Enseguida registra que éste no es sólo un pensamiento, sino que algo está haciendo con él. El paciente sigue hablando.

.
Pausa.
En este artificio que les convido, vale apretar pausa.

Vale también meterse con las cosas que a veces nos suceden cuando escuchamos a alguien que nos cuenta su padecer.

Foco entonces en el detalle de ese pensamiento del analista.



Por cierto, la frase del paciente
(del estilo
"haría tal cosa... pero no")
y otros elementos previos
le indican que
el modo de hacer de este hombre con su deseo
responde a lo que algunos llaman

"un cuadro de neurosis obsesiva".





Así las cosas, estamos en el terreno del llamado "ojo clínico"...

El ojo clínico siempre tiene su guía
en cierto modo del saber
y en la experiencia previa.

A través de ellos hace casuística:

el paciente que tiene frente a sí

puesto en relación
con
otros casos ya conocidos.

Resuena aquí el mandamiento
(¿quién no se las ve con ellos?):

"No pierdas de vista el cuadro y sabrás de qué curar al paciente"





El ojo clínico
realiza, con sofisticación,
esto que el ojo de cualquier persona tiende a hacer
cuando intenta captar algo que podría no entender:


(clic en este video)
(retratos pintados por Hans Holbein, el joven)


Hacer (el paciente) o ver (el "terapeuta") un cuadro clínico
guarda relación con
hacer o ver una pintura desde cierta posición.
La posición de "tengamos el arte en paz"
(2).
Así:

los temas pintados podrán ser muy inquietantes,

o conmovedores,
pero siempre
artista y
espectador saldrán enteros.


Enteros:

el pintor no habrá mostrado más que lo que buscó mostrar (3);

el espectador no habrá sido tomado de ningún otro modo que como espectador.


Pero, además, entre ambos sostienen una relación punto a punto:


. <-> .

así como el ojo del espectador irá al punto que el artista busca expresar...


(foto del video incluido en la entrega anterior: la visión de Holbein de los modelos que está pintando) (4)


... el ojo clínico irá al punto en el que "se expresa" el inconciente.


Como sea, los ojos del conocimiento se sostienen en la convicción de que, más tarde o más temprano, puede ser eliminada la posibilidad de engañarse con lo que se tiene enfrente:
confíanza en el entendimiento

y no en las meras apariencias.



No por nada el saber popular ha acuñado este doblete:

"las apariencias engañan"
+
"lo esencial es invisible a los ojos"


Es la óptica más pregnante (5),
a la que tendemos cotidianamente
y en la que habitamos videntes y no videntes.



Sucede que estamos hablando de
un campo de la visión,

de lo escópico,
donde lo que está en juego,
a pesar de lo que solemos creer,
no es la función anatómica de la visión
sino los rectos hilos que podemos tender
entre
el objeto a comprender
y
nuestro entendimiento.

. <-> .

Aquí un ejemplo de esa óptica punto a punto;
el niño ciego tendiendo hilos entre su entendimiento y su madre dormida
(escena de la película australiana "La prueba") (6):

En nuestra próxima entrega veremos el notable desenlace de esta escena.
.
Pero antes de cerrar este capítulo
necesito soltar el "botón de pausa" que apretáramos en nuestro artificio.
Y volver al consultorio:

..
el analista acaba de pensar: "típico neurótico obsesivo";
pero,
mientras el paciente sigue hablando,
registra que aquello
no es sólo un pensamiento.
Es un pensamiento con el que hace algo:

"me protejo...
como si levantara un vidrio blindado entre él y yo".


¿Pero de qué se protege?




Intuye:
de algo que le causa lo que está dici
endo el paciente.


¿Pero qué de lo que ese hombre está diciendo lo toca?
.
.
Al borde de esta pregunta se dividen una y otra vez las aguas de la teoría del psicoanálisis.
.
Arrastrados por el vaivén de las palabras entre paciente y analista,
hacia allí nos dirigiremos en el próximo capítulo.



Continuará...



Guillermo Cabado




Fuente de los videos:

* animación de cuadros de Hans Holbien: fuente youtube

* escena de la película "La prueba", de Jocelyn Moorehouse (Australia, 1990)




(1)
Cuando digo "le pinta" estoy proponiendo precisar y poner en relación un modo en que el paciente le dice al otro con lo que a Lacan le interesa de lo que el pintor tiende a buscar en el espectador: "el pintor (con excepción del pintor expresionista) le da su pitanza al ojo, pero invita a quien está ante el cuadro a deponer su mirada, como se deponen las armas. Éste es el efecto pacificador, apolíneo de la pintura. Se le da algo al ojo, no a la mirada". Con nuestro avance ya veremos surgir en qué la mirada se diferencia del ojo, el ojo en "su carácter de órgano, tal como surge en el diván" (ambas citas provienen de su clase del 4/3/64 del Sem XI, pag. 108 y 109 de Paidós)

(2) Esto que aquí propongo dialoga con lo que Lacan desliza respecto de cierta posición femenina, que suelo poner a jugar con la película "Amelie": "el mundo es omnivoyeur pero no es exhibicionista, no provoca nuestra mirada" (clase del 19/2, Sem XI, pag 83 de Paidós).
Por lo demás "el tengamos el arte en paz" es una expresión con la que pretendo nombrar a vuelo de pájaro algo que los artistas vienen cuestionando desde hace tiempo, aunque sacando diversas consecuencias de tal cuestionamiento. En relación a eso alguna vez me propuse jugar con una obra de Carlos Trilnick que a mi juicio ubica el punto donde la vertiente del "arte interactivo" suele naufragar en tal intento de cuestionamiento: clic aquí.

(3) Remito a las observaciones que Lacan hace sobre la transferencia en su seminario X, en la clase del 30/1/63, incluyendo aquella frase de su paciente "si yo estuviera segura de que fuera únicamente transferencia" y la función de ese "no más que" (pag 13 texto establecido para circulación interna de la EFBA por Ricardo Rodríguez Ponte)

(4) Esta cuadriculación del espacio, está presente tanto en el portillo de Durero(clic) al que alude Lacan en sus clases sobre la esquizia del ojo y la mirada en el seminario XI, como en aquellos planos que hacía la policía sobre la habitación del ministro ladrón, en el cuento de Poe, "La carta robada" y respecto del cual Lacan construyera su famoso escrito "El seminario sobre la carta robada".

(5) Es lo que en el seminario XI Lacan llama "la óptica geometral".

(6) Hilos que subsanan lo que los hilos de luz no pueden imprimir en su órgano visual. Los ecos del estadio del espejo creo que resuenan allí.
Es muy interesante la función que en el film de Moorehouse aquí citado, tiene la cámara fotográfica: pone en tensión qué es lo que está en juego en la "óptica geometral": ¿un asunto de anatomía o de una relación con el Otro?. Respecto de la óptica punto a punto, se impone presentar aquí una portada del libro de Diderot, "Carta sobre los ciegos para uso de los que ven", que cita Lacan en las clases del 26/2 y 4/3 de su seminario XI:



Por último, a quien le interese dialogar con los planteos de Lacan en las cuatro clases dictadas entre febrero y marzo de 1964 sobre el ojo y la mirada, sugiero este interesante artículo de Daniel Giovannangeli respecto de la dióptrica de Descartes y "El ojo y el espíritu" de Merleau Ponty: http://www.upv.es/laboluz/rev/rev-3/descart.htm